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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Jay Reatard

Pues a mí esta canción me suena un poco a The New Pornographers. Ya me lo has dicho. Que sí, desde los quince años. Ya lo sé, el tío de Oblivians y tal y cual, pero a mí me suena a The New Pornographers. Pues sería muy punk, o garajero, o como quieras, y ruido y todo lo que tú me digas. A veces parece hasta inglés. ¿Memphis? ¡Cómo que no, tío! Se nota cuando un grupo es inglés o americano, a no ser que seas The Broken Family Band. Por cierto, tengo que... A lo que iba, melodía. Aquí hay melodia, sí, grita y tal, powerpop, tío, powerpop. Ya lo sé, no tengo ni puta idea de lo que digo, pero sé lo que me digo, tío. Pásame. Y eso. Ya, pues lo que te digo, sí encima lo ha dicho él, pues más mejor, que dice tu abuelo. Yo a tu abuelo lo respeto mucho, tío. Y a Jay Reatard. Si yo no te digo que sea malo, coño, ¿cómo va a ser malo que algo te recuerde a The New Pornographers? No me jodas hombre. Como mucho será una gilipollez. Me recuerdan cuando dice eso de enenenaneninoné. Sí, enenenaneninon…

Eskorbuto

Hace poco vi a Yo Soy Julio César en el Bilborock. Tanto tiempo después. La misma gente, cuánto tiempo, era lo único que conseguía decir. Algunos aún saludaban. Nadie me quiso acompañar a ver a Zarama. En el Cuervo estuvimos hablando con J del bunker. I y E no lo conocían. Nos dejó hojear la punk-rocker: Pleonakis Plektos saca disco. Encontré el viejo vinilo de Putakaska: bajando por la ría... Me acordé de la canción de Distorsión. Y hablamos de la Nochevieja en la que vimos a Mentes Enfermas en la Katrena. Katrena donde le dimos unas monedas a Carlos Tarque para que nos dejara entrar a ver si estaba G dentro cuando los murcianos no salían tanto en televisión. Estaba leyendo el libro sobre Eskorbuto de Diego Cerdán. Me acordé de aquella fiesta de despedida en Navidad. El día del pollo: el municipal que se resbala, los machacados sin pagar, la vieja que tira agua desde el balcón, el barro de la franco-belga y lo que pesaba LM mientras íbamos cantando aquello de ya no quedan más cojones…

Jenny Lewis

A la señorita Kraeger le encantaba la música country. Me lo dijo Alan el día que me despedían, en aquella habitación horrorosa, enmoquetada. Me regalaron un libro con fotografías de los mejores parajes de Iowa. Me sentía irónico. Alan me dijo: ¿sabes?, a la señorita Kraeger le encanta el country, tiene como tres mil vinilos en su casa. Puse cara de asombro. Y la miré: ajena, aguantando la taza de café como si fuera el santo grial, más de sesenta, con el pelo cardado, cano, tan delgada que parecía que si la soplaba el pelo, se lo iba a arrancar como de pequeño soplábamos abuelitos. Después de unos segundos, me sentía irónico, le pregunté: ¿Y conoce a Coyote Dax?
Jenny Lewis estaba agazapada. No sé quién la ha puesto ahí. Hoy la ha sacado el shuffle, a la fuerza. Estaba escondida, la he puesto de fondo, y se ha puesto a brillar tanto que hasta me he acordado de la señorita Kraeger. Y Jenny Lewis no hace country, o solo country. Ni tampoco copia lo que hacía en Rilo Kiley. Ya ni se acorda…

Buffalo Tom

Las canciones no pertenecen a nadie, ni tienen edad, ni lugar de origen. Me compro un par de revistas en el aeropuerto de Dublín. Viajo de vuelta a casa. Es muy temprano, bostezo y me entretengo mirando las baldas e intentando adivinar de qué van las novelas con solo leer los títulos del lomo. La cola avanza despacio y empiezo a hojear la revista. Uncut o cualquier cosa de ésas. Solo miro las fotos, me da pereza leer en inglés. Miro el reloj. Recuerdo el número de mi puerta de embarque. Ha llegado mi turno: esto y cojo una chocolatina. Otra cola para embarcar. Ni hojeo la revista, me fijo en los protagonistas. Un grupo de adolescentes irlandeses que hablan a gritos y van decorando el aeropuerto con latas de cerveza vacías. Dos parece que se pegan y me van a animar la espera, pero terminan haciéndose arrumacos. En el avión, tengo suerte: nadie al lado y casi atrás, me veo capaz de dormir tranquilo. Abro la revista, leo un par de artículos y sobrevolando el mar me pongo a soñar con que …

Tapes 'n Tapes

Cintas y cintas de TDK y una BASF naranja y te pegabas por ser el primero que le pidiera a tu amigo que te la grabara con su cadena de doble pletina. Los veranos de conciertos gratuitos, siempre en el tren de cercanías, de pueblo en pueblo, de barrio en barrio, de pogo en pogo. En el Casco había una tienda que, por un precio razonable, te imprimía la portada de tus discos preferidos, y en menos de dos horas. Los locales de ensayo, las visitas a Vellido, a Passé Compossé... Las conversaciones infatigables sobre riffs de guitarras y solos de batería y pedaleras y peveys y perversiones musicales que ni tan siquiera llegaron a sueño. Y yo me pregunto ¿Por qué, de repente, hoy, "Le Ruse" de Tapes n' Tapes me ha recordado todo eso? Quizás porque hay que escucharla corriendo, con el corazón a trote, pero sin dirección, como si te estuvieras cayendo por un barranco, como si estuvieras excitado pero dormido, como si te hubieras fumado un porro y el único efecto fuera un sueño pro…

Kubers

Yo trabajé en la única empresa con sede en el País Vasco incluida en la lista de las cincuenta mejores empresas para trabajar del estado según el Instituto Great Place to Work. Era becario. Un día de agosto nos fuimos de marcha y volvimos de gaupasa al curro, me quedé dormido en la sala de reuniones. Según el Instituto Great Place to Sleep era uno de las cincueta mejores salas de reuniones para dormir. Cuando desperté, fuimos a desayunar al Complot. El viernes vuelvo, a las diez, para ver a Kubers.
I se fue un mes a Irlanda hace dos años. Love is in the air... ella seguro que se acuerda. Allí conoció a M. M, un día, lo hizo mejor que la propia Lucie Silvas. Después, cada una volvió a casa. Ya sabes, el tiempo pasa. Una enseña literatura, la otra se pone a cantar. El viernes vuelven a verse, a las diez, en el Complot.
Kubers son:
Entrevista a kubers
Kubers también son:









Kubers son de Vitoria, más o menos, y no acaban de empezar en esto, también más o menos. Kubers me gustan, más o menos, sie…

Bishop Allen

Aún a riesgo de que a alguien le pueda parecer que soy un gilipollas, voy a confesarlo: me he puesto la canción "Dimmer" de Bishop Allen como sintonía del móvil. Tengo un móvil nuevo. Que yo sepa, fui una de las últimas personas en agenciarme uno de estos aparatos. En cada país, en cada ciudad, en cada barrio, en cada grupo de amigos seguro que hay un sujeto que va de ajeno a la tecnología y se arroga el abolengo intelectual que parece aportar la resistencia a modernizarse. En mi país, en mi ciudad, en mi barrio, en mi grupo de amigos yo soy el sujeto gilipollas que se agenció el último un móvil pero ahora va por el tercero y se ha puesto de melodía el "Dimmer" de Bishop Allen.
Bishop Allen son americanos, creo que de New York, aunque se llaman así porque Bishop Allen Drive era el nombre de la calle donde los dos protagonistas del grupo vivían juntos mientras asistían a clase en la Universidad de Harvard, lo que dicho sea de paso, me hace a mí más gilipollas todaví…