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Mostrando entradas de agosto, 2014

Con piano de cola y todo

(Si esta no es mi crónica más extraña, no quiero que me predigan el futuro)
Como telonero, ha actuado James Robertson. Robertson es un renocido escritor de novelas y poeta escocés que llegó a ser durante tres días poet-in-residence (no creo que haya traducción al castellano, ni que exista la figura, vendría a ser un tipo de reconocimiento remunerado a un artista) del recién estrenado, por entonces, Parlamento escocés. Robertson publicará en breve el resultado de su ambicioso proyecto 365, precisamente los días que se tiró, seguidos, publicando en internet, cada uno de ellos, un relato distinto pero todos de 365 palabras. No ha cantado, aunque ha recitado un poema en escocés que ha rapeado y ha contado una anécdota curiosa de la primera vez que estuvo en Kosiçe, veinte años atrás, según ha explicado, cuando terminó en una taberna local compitiendo por ver quién era más patriótico, si un escocés como él que no sabía explicar por qué su país no era independiente y un eslovaco eufórico p…

Mardarás a tus poetas sobre todas las cosas

David Mardaras (aka David Murders y/o David Murders & The Representatives of Evil) fue miembro (virilidad creativa) de Newhell Citizens y de Horses of Disaster. Publicó un libro que se titulaba dedo d con una portada roja como un orzuelo irritado. Tuvo a bien que yo le preludiara cuando presentó su segundo libro publicado, Terrorizer, que ya venía en formato vinilo con su funda y todo, funda que era un peñazo, lo siento, porque salía pero luego no entraba. Chulo quedaba, eso sí. Y simbólico. También era uno de los antologados en ese libro que ya va por la segunda edición, y que bajo el título de Simpatía por el relato, recogía las lozanías literarias de músicos como Fran Nixon, Kutxi Romero, Julián Hernández, Ángel Petisme o Enrique Villarreal. Participó en la mesa redonda "Música y Literatura" que se organizó en 2011 con ocasión del festival SOS y donde participaron gente como Agustín Fernández Mallo, Antonio Luque o Patti Smith. Y ha habido más cosas, un espectáculo l…

Alivios sintomáticos para cronistas peripatéticos

Propongo el frenadol como droga de moda. Me amodorra. Me deja en un estado de inconsciencia cercano a la levitación galbanera. El ánimo más apropiado para escribir mis crónicas edulcoradas y redundantes. ¿Qué es una crónica? ¿A qué sabe el frenadol? ¿Tenía razón mi madre cuando me decía que estaba más guapo callado? Preguntas vitales tan universales como la música que, puestos a buscarle definición, también se parece al frenadol: un sobre lleno de polvos mágicos que se disuelve en agua y te revoca el padecimiento.  El caso es que, vueltos de vacaciones, nos propusimos acercarnos a la Aste Nagusia. Da miedo. Es como si vuelves de vacaciones a tu castillo de la campiña inglesa y te encuentras con la familia Otis convertida en fantasmagóricas presencias que se han apoderado de tu sala de estar y no te dejan usar el mando para cambiar de canal. Pobre Simon de Canterville, ahora entiendes lo que sentía. Lo que de verdad quiero decir es que antes llegaba agosto y esta semana de lujuria y d…

Bones y Tigretones

Era como volver al lugar del delito.  Vivaqueando al fondo con el único sustento de medio litro de cerveza y un paquete de tabaco. Y la música.  Lo que decía: era como un déjà vu que ni fu ni fa. Fa de Falco, Tav Falco y Fu de Fugazi, porque el Tubo parecía, ayer, digo, uno de esos locales donde gritaban poseídos los de Ian Mackaye mientras adolescentes descamisados se dejaban embrujar por el espíritu enfermizo de la música. Eso sí, siempre y cuando los de Washington DC hubieran dedicado el tiempo a hacer un esfuerzo para que los periodistas musicales se vieran obligados a añadirle el -billy a cualquiera de las etiquetas con las que intentaran clasificarlos. No fue así porque Joe Lally no toca como Marshall Grant y porque lo que yo me imagino nunca se caracteriza por tener mucho sentido. Tampoco tuvo mucho sentido el concierto de ayer, por lo menos, por momentos. A veces tocaban tres, otras veces eran cuatro, hubo quien se apuntó a la fiesta sin ser invitado, no se distinguía a los m…