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Mostrando entradas de enero, 2012

Las experiencias vitales de la emancipación

Pensé que ya había vivido todas las experiencias vitales de primera fase que se presumen cuando uno se emancipa: los dedos cruzados debajo de la mesa del director de oficina del banco, la primera visita de la pareja a las obras, la noche arrancando papel tintado y el chino que no sabía llegar al portal, las mañanas lluviosas con el chandal viejo pintando los techos, el primer día que enciendes el lavavajillas y no sabes cómo apagarlo, las visitas al merkamueble y al Leroy Merlín y al Ikea y a yo qué sé dónde, el primer día durmiendo juntos sin encontrar tu espacio, el primer reparto de tareas, las múltiples cenas de inauguración, la primera visita inspectora de tu madre, la primera reunión de la comunidad, los primeros meses sin televisor (qué felicidad), las primeras plantas en el alféizar, mi caja de herramientas en oferta del Carrefour, la subida del euribor... Ya va para tres años, pero aún quedan muchas otras, presumo, aunque contaba ya con ellas para la segunda fase, y no me voy…

MaMaMalkmus GuiGuiGuided SilSilSilver

Esta mañana paseaba escuchando el último disco de Stephen Malkmus and The Jicks. Malkmus, ya sabes, Pavement, sí. Luego por la tarde, cuando entraba al cuarto, me resbalé con el rockdelux que estaba tirado en el suelo de la habitación. No me caí, pero amenacé con ello, y al recogerla, me encontré con el cartel del próximo Primavera. Y ahí estaba, el nombre que me emocionaba, el que soñaba con ver en directo cuando un compañero me comentó que iba a intentar hacerse con un par de abonos para ir de excursión a Barcelona. Pero, no, al día siguiente, me lo chivaron en Radio 3: Guided by Voices, no, no van a venir a Barna. Pues nada, se jodió la marrana. Aún recuerdo aquella fachada de ladrillo del Rasputin de Powell Street y el ascensorista con el ceño fruncido leyendo a Tolstoi. En alguno de los pisos coloridos, pregunté por el último disco de Guided by Voices y un crío con flequillo, más pálido que los vampiros de Stephanie Meyer, luciendo cara orgullosa de estudiante de Berkeley, me gui…

La curiosidad de los nombres

Hace poco que un amigo mío debatía con su pareja cuál podría ser el nombre de su segundo hijo, hija en este caso. A ambos les gustaba Maren, que es un nombre en euskera, o como diría aquel, en vascuence. Mi amigo no las tenía todas consigo, así que llamó a Euskaltzaindia, insititución cultural fundada en 1919 que rige la normativa de uso de la lengua vasca. Según nos contaba en la grada de Lasesarre, en Euskaltzaindia le dijeron que Maren era un nombre masculino que encontraba su versión castellana en el nombre de Mariano. Así que rechazaron esa opción. Al día siguiente, mientras cruzaba un paso de cebra cargado con bolsas del Eroski (que por mucho que suene a ruso también es vascuence), escuché como una madre le gritaba el nombre a su hija para que no se retrasara y cruzara detrás de ella. Aciertas, la niña se llamaba Mariano.
En fin, curioso, y no tiene nada que ver con la música.
Aunque quizás Jarvis Cocker fuera capaz de escribir una nueva letra, ahora que reúne a los Pulp, solo co…

De qué hablamos cuando hablamos borrachos

Entre cubatas navideños, salían los nombres trillizos, cuatrillizos. Mientras nuestro pincha preferido se aliaba con la causa irlandesa y le daba la bienvenida al dublinés con un buen recital de Imelda May, nosotros seguíamos con nuestras torpes conversaciones. Nos reíamos de que en castellano las patas de un gato se llaman patatas si el que lo dice es compatriota de Imelda May y no puede ya con su jameson. Nos prometíamos visitas que ya habíamos prometido antes. Nos contábamos los metros cuadrados de nuestros pisos y nos valían con los dedos de la mano. Nos íbamos mencionando nombres, trillizos, cuatrillizos, que sabíamos que al día siguiente no recordaríamos.

Y así fue.

Y entre todos esos, quedó uno que olvidamos tan rápido que aún hoy no recuerdo haberlo oído.

Pero las nuevas tecnologías tienen esas cosas, y se ve que hasta un valor retroactivo. Digo que ayer fue cuando desde la isla Esmeralda nos mandaron recordatorio de uno de esos nombres y aquí lo dejo, porque he de confesarlo,…

Año nuevo, propuestas nuevas

Tres propuestas recién comenzado el año: un concierto diferente, un proyecto sugerente y una canción.

Empezamos con la canción porque he empezado el 2012, año en el que terminará el mundo, ya lo sabemos todos gracias a John Cusack, obsesionado con una canción que he escuchado hoy mientras bajaba a la plaza, mientras esperaba mi cola en la pescadería, mientras cogía patatas en el Eroski y mientras volvía, con la lengua fuera, a casa. Creo que The Secret Society, a los que ya conocía pero no les había prestado la atención necesaria, se van a colar entre mi antología de buenos letristas en castellano:






Segundo, un concierto diferente, porque no es un concierto del todo. Y es que el poeta y relatista David Mardaras, amén de músico y hombre de mundo, con el que me une una vieja amistad así que no soy objetivo aunque trate de serlo, se verá acompañado de Juan y Urko para estrenar un nuevo proyecto: Hipocondríacos del Amor. Vendría a ser como una lectura de poemas acompañada por música. Podéi…