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Mostrando entradas de marzo, 2012

Alberta Cross

Ya se han ido. Todo está más tranquilo ahora. Los pasillos vacíos. Solo quedan los restos de la batalla. Una densa nube de polvo cubre el vestíbulo y parece que aún resuenan los estallidos en el tímpano. Cierro la puerta, me aislo del mundo, me empeño por seguir mudo. Y, después, le doy al play:

Sin cincuenta

Mierda. Me había convencido: hace frío, hace viento, tienes trabajo, me duele la cabeza, estoy seguro de que hoy me visita el espíritu santo. Lo que sea, pero me había convencido: hoy no corro. Y, al final, voy a correr. Mierda. Y voy a correr porque quiero escuchar música. A tomar por culo el trabajo, la molicie y los dolores hipocondríacos. Voy a ponerme las zapatillas, disfrazarme de kalenji y salir a dar la vuelta al pueblo con la lengua fuera y los tímpanos repletos de esto, os chivo mi playlist, con las canciones que al cargarlas, me han dado ganas de salir a alterarme el biorritmo con los latidos de la música:



1. Dime de Grupo de Expertos Solynieve

2. ¿Por qué no te largas de aquí? de Grupo de Expertos Solynieve

3. El evangelio (según Pablo) de Grupo de Expertos Solynieve

4. Clear Eye Clouded Mind de Nada Surf

5. Waiting for Something de Nada Surf

6. Waster Days de Cloud Nothing

7. Stay Useless de Cloud Nothing

8. The Fear de Dulce Pájara de Juventud

9. Junior vs. Death de Dulce Pájara …

Grupo de Expertos en Estribillos Varios

Lo había estado intentando últimamente. Desde que me regalaron una los The Secret Society, no pillaba otra canción española de estribillo pegadizo para volver conduciendo desde el curro mientras berreo encerrado en mi utilitario. Lo intenté con Maga, con Burrito Panza, con Sidonie, con Jero Romero, Rusos Blancos... hasta con Manos de Topo. Y que no lo lograra, no quiere decir que no los tengan, pero uno es raro hasta para ser perro y verde y no lo encontró. Ayer sí. Ayer volvía de trabajar muy tarde y saliendo de una pequeña pero moderna y del color del perro ciudad de provincias veía a lo lejos una enorme presunción de tormenta. Algo, y lo digo en serio, de lo más acogedor. Así que lo intenté una vez más y tuve éxito. Para cuando llegué al primer peaje, ya tenía la canción tatuada en la epidermis y cualquiera que me viera desde su cabina recogiendo la tarjeta, fliparía. Menos mal que en el segundo, cuando ya había destrozado la canción una decena de veces con mi karaoke ronco y desaf…

Ryan Adams

Seis y media pasadas de la mañana. No hace frío. Me sé el camino de memoria. A veces, me doy una alegría, y busco otro que aunque sea más largo me dé otros alicientes: ver los mismos paisajes urbanos de siempre, pero con una luz distinta. Hoy, no. Cojo la misma calle de siempre, de todas las mañanas, y antes de empezar la cuesta abajo le doy al play del aipoz y Ryan Adams me da ganas de volver a la cama y taparme con la manta hasta la nariz, dormir, feliz, sin ganas de sobrevivir o reñirle al mundo. Pero esa sensación dura poco, y se convierte en otra más delicada y susceptible, diría que hasta más adulterada y edulcorada. Pero el cielo es púrpura y grana, la luz de las farolas turbia y decadente, el silencio de las calles vacías, insistente y evocador. Me dejo llevar por el pulso lánguido de la canción, me abandono a los detalles y camino sin prisa, con las manos en los bolsillos.
Me fijo en los pocos ciudadanos con los que me cruzo. Antes me cruzaba con más gente y pienso que no pued…

(PESAO!)

Últimamente estamos de racha. Creo que con el que se aproximan, serán ya tres fines de semana consecutivos con compromisos musicales. En alguno de ellos, hasta por partida doble. De alguno, he dejado constancia aquí, disfrazado de crónica musical.
Digresión: hoy he encontrado una noticia en el periódico que hablaba sobre la última novedad literaria en las librerías. Marc Saporta se ha inventado un artilugio de lo más postmodernista ahora que lo postmoderno se concentra en los anuncios de lencería y perfumería. Consiste en un estuche repleto de folios que contienen historias y que tú debes barajar y desordenar para después leer con el orden caprichoso de tus manos. En la noticia, como no, se recurría al Rayuela de Cortázar. Yo me he acordado de John Barth, el padre de la metaliteratura. Su mujer decía que su primera novela la escribió así. Desperado porque no encontraba el hilo de unión, su mujer le invitó a que lo mandara al editor tal y como lo tenía. Y pum. Se inventó una novela. Voy…

Sallie Ford Came Home to Comfort Me

Que digas trompeta cuando quieres decir saxo. Dos veces. Eso sí se lo puedes achacar a la cerveza. Dos cervezas. Tres cervezas. Cuatro cervezas. Cinco cervezas y un vodka con naranja. Si te hubieran puesto una trompeta delante, habrías soplado por la campana. Para tí, un saxo era un coche francés. Que digas que alguien canta versiones de Megadeth porque comparte parecido con un estribillo de Etta James, manda cojones. Eso no tiene nada que ver con el alcohol. Pero es bueno, digo, lo de reconocer tu ignorancia.
Me refocilo. Me refocilo en mi propia ignorancia.
Seis, siete cervezas.
Trompeta, saxo, Megadeth, Etta James...
Mierda.
¿Me golpeo la cabeza contra la pared?
Mejor, escucho música.
Y como dicen que su voz recuerda a Etta James, a Bessie Smith, a Billie Holliday, y a Dave Mustaine, por qué no. Y como dicen que fue camarera en un Vietnamés antes que cantante de cuplé. Y como me gustan sus gafas. Y como me gusta el upright bass. Y como me gusta el rock and roll. Y como prefiero bailar ant…

José Ángel Iribar (me da que no estuvo ayer allí)

Que no viene a cuento, pero permítaseme la licencia futbolera. Porque cuenta la leyenda que El Chopo estaba triste el día que, allá por el año 1968, el Athletic eliminaba al Liverpool en los 32avos de final de la Copa de Ferias (ahora se llama de otra manera y lo tenéis que saber porque ha salido en todos los periódicos, joder). En San Mamés, el Athletic le ganó 2-1 a los de Liverpool. En la vuelta, cuentan las crónicas que Iribar se puso las botas a despejar y atajar balones, y el partido, en Anfield, concluyó con el mismo resultado que en Bilbao. ¿Solución? Por entonces, las cosas, se solucionaban así: una moneda al aire, con una cara roja y la otra azul. Los ingleses eligieron la roja, y salió la azul. El Athletic se clasificó pero Iribar fruncía el ceño. La leyenda cuenta que decía: "¿Que si me pasa? ¿Pero vosotros os creéis que es forma de ganar tirar una moneda al aire?"
Ayer yo elegí la cara de la moneda que tenía a Cervantes, y ella la otra. Y ganó ella. Así que ganó …

Léelo Léolo

Esta vez voy a empezar por… iba a decir el final, pero, en realidad, voy a empezar por el culo. O como el culo. Me duele la cabeza, así que voy a empezar por donde me de la gana. Por Léolo. Sí, Leólo. Porque yo no me masturbaba con trozos de hígado, lo sé, ni dibujaba conejos blancos en la nieve, pero, por alguna extraña razón que aún me atormenta, me identificaba con él. Tengo un amigo que tenía ya en la universidad. Él me dijo, tienes que ver esta película. Y la vi. Estábamos en la universidad, éramos tan estúpidos como nos dejaban serlo nuestras ínfulas de intelectuales. Si mandaban leer Lucky Jim, mándabamos a tomar por culo a Kingsley Amis y leíamos Wilt. Después, mandábamos a tomar por culo a Tom Sharpe. Y veíamos Léolo.

Y pasábamos el fin de semana en las fiestas de Cabieces viendo a La Polla Records pero entre semana nos grabábamos cintas de The Animals y nos petaba la oreja de tanto como creíamos… experimentar la música. Experimentar la música, me parto. Lunes al sol, la cafet…