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Mostrando entradas de octubre, 2011

El tío Tupelo vuelve a casa

Cuando llegué al colegio, tenía esta nota sobre mi mesa: hoy a las cuatro, en la casa de la profesora Glawe, no puedes faltar, solo que estaba en inglés, y no le hice caso.
Volví a casa andando porque hacía un día soleado pero frío. Llevaba la chamarra colgada del hombro y la camisa seguía por debajo del jersey. Cuando dejé atrás la sombra del colegio, me encendí un cigarro, me puse los cascos y como siempre he sido afortunado, sonó esto:

Ya no me importaba que me vieran fumar, me iba. Pero nadie me veía porque nadie había allí. Todos estaban detrás de las ventanas, detrás de las cortinas echadas y no me importaba, me iba. Jugaba a elegir la casa que más me gustaba, a pisar el verde de los jardines, a oler quién estaba haciendo la colada, paraba para mirar atrás y el camino no se me hacía largo, ya lo había caminado. Me iba.
Llegué a casa y no había nadie. Bajé al sotano. En mi habitación, en el suelo, la maleta abierta, todas las cosas dentro, las paredes vacías, la cama hecha, la luz …

II Edición de la Discoteca Caprichosa: Thee Mighty Caesars

II Edición de la Discoteca Caprichosa: Bobby Fuller

Y vamos terminando... ya me he relajado. Solo una más.

II Edición de la Discoteca Caprichosa: Lydia Lunch

II Edición de la Discoteca Caprichosa: The Shins

Nuria Fergó está en televisión. Menuda impresión, Rosa de España asusta a la nación: quiere escribir un libro. ¿De ficción? Pierdo la noción del ridículo y juego, a leer revista del corazón, a escribir rimas como quien nunca aprende la lección.

II Edición de la Discoteca Caprichosa: The Cynics

Esta vez, solo busco cerrar los ojos, mover ligeramente la cabeza, olvidarme de todo y relajarme. Sobre todo, relajarme. Olvidarme de los doce minutos, justo el One Sunday Morning (Song for Jane Smiley's Boyfriend) de Wilco, que tardo en ir de casa hasta la puerta del hospital. Olvidarme de los siete minutos, justo el Art of Almost de Wilco, que tardo en contestar emails que no quisiera leer. Olvidarme de los cuatro minutos, justo el Capitol City de Wilco, que tarda en abrirse la primera puerta del garaje, se cierra, bajo la rampa, se abre la segunda, salgo y se cierra. Olvidarme de los escasos tres minutos, justo el Rising Red Lung de Wilco, que necesito para respirar hondo, concentrarme, convencerme, contentarme y abrir la puerta de mi oficina. Olvidarme del disco de Wilco y buscar en el yotube canciones para evadirme, mover la cabeza espasmódicamente, sin más. Eso sí, en el título, la palabra babe or baby, por jugar un rato.

Jodido

Después de la entrada anterior, necesitaba vomitar. Que si retoza sobre el barro, que si se autolesiona, que si les censuran en la MTV, que si se pegan entre ellos en el aeropuerto de Heathrow, que si un periodista de The Guardian dijo que eran nazis porque hace diez años el cantante dijo que le molaban Skrewdriver, que si tal, que si cual. Han salido de la escena hardcore para petarla hasta en las revistas indie. Y los jovenzuelos airados hacen moshing en sus conciertos. Han grabado uno de los mejores videos hardcore de los últimos años. La canción está de puta madre. El cantante grita y está gritando una jodida historia de amor obrera que me importa bien poco, porque solo necesitaba gritar. Aún me retumba en la cabeza que en la anterior entrada escribí el nombre de Julio Iglesias. Fuck. Fucked-up. Paso de colgar los videos en directo, buscáis en youtube. Primero la canción a secas, luego el videoclip, y me voy al baño a vomitar.

La incógnita Carr-Presley-Dalida

Si algún día leeis la novela de Rubén Martínez titulada Crossing Over os encontraréis, muy probablemente, con una definición de cultura e identidad donde ambas son concebidas como una conjunción compleja entre nuestras raíces y nuestros viajes. Rubén Martínez, nacido en Los Ángeles pero de origen mejicano, describe en esa novela el viaje de la familia Chavez desde Michoacán en México hasta el otro lado de la frontera, pero la novela traspasa lo puramente específico de su argumento para dejar testimonio de lo dificultoso que resulta definir nuestro lugar en el mundo cuando somos producto de una compleja combinación de culturas, costumbres, realidades, incluso virtualidades. Martinez dice: no somos ni el uno ni el otro, somos dos, doloroso y excitante... no podemos ser uno, siempre debemos ser dos y más de dos: la suma de nuestras partes es más grande que la suma total. La traducción es mía. Y para ilustrar todo esto utiliza la metáfora de las estaciones de radio que se pueden captar ce…

Correcto Joni

Ese comienzo me suena a alguien, y no caigo, y me está trasladando el cerebro. He puesto los diez primeros segundos de canción, veinte veces, ¿Blood Red Shoes? ¿The Thermals?... No sé, no sé. Pero me recuerda a alguien y me da igual, después empieza con el Joni Joni wait until september, y me olvido. Creo que la sencillez, aunque sea mentira, es el secreto de una buena canción. No me gustan los planteamientos barrocos, los desarrollos elaborados, las complicaciones extremas. Aunque luego escucho canciones de diez minutos con largos desarrollos, abstractas intros y finales con fuegos de artificio y también me lo trago. Pero no hay nada como una canción de tres minutos con guitarras a ritmo de récord de los diez mil y una batería que ha metido los dedos en el enchufe. Das en la clave con una palabra sencilla que sirva como eje, como vértice, y luego dejas que la canción se expanda, se extienda por tres minutos incandescentes y volátiles.
Correcto.
Joni no sé quién es pero me recuerda a …

Algo pasa con Marah

Algo así estuve pensando todo el concierto. Estuve inventándome intrigas, montándome películas. Nos dieron cinco minutos de descanso y salimos a fumar un cigarro. Se lo conté. Pasa algo raro, ¿no has visto los ojos del hermano guapo? Le llamo el hermano guapo, pero ella no está de acuerdo. Digamos que es el hermano que no lleva gorro. Y el otro parece estar todo el rato encima de él, diciéndole qué tiene que hacer. ¿No te has fijado? Ella sigue fumando. Después del descanso, y en medio del escenario, colgándose la guitarra, Serge, porque se llama Serge Bielanko, empieza a hablar de lo que echa de menos a su mujer y a sus dos hijos, a los que ha dejado en Estados Unidos, para venirse de gira a España. Pues igual es eso, la susurro a gritos. Una vez más, me he montado mi propia película. Quizás tiene esos ojos por el jet lag. Y es una coincidencia demasiado irónica, porque luego miro a mi derecha y veo el nombre del festival que organiza el concierto en un cartel bien grande: Jet Lag.
S…