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Mostrando entradas de febrero, 2014

Paco Ya Luce

Toca la tecla, tócala

Hay más, pero con éstas, vale. Una de las pocas críticas que he recibido sobre este blog es que siempre parece que ando dorando píldoras, que no tengo nada malo (aunque sea constructivo) que decir. Lo de pocas críticas no es porque sean pocas las que se pudieran hacer, si no, más bien, porque son pocos los que han perdido el tiempo en hacerlas.  En fin.  El caso es que tienen razón. No sé qué defectos propios manifiesta mi falta de pericia para ver los ajenos, pero, tampoco es que no los vea, si no que, si los veo, los olvido pronto.  Lo que sí he visto (más bien leído) durante mucho tiempo son críticas furibundas, críticas negativas pero justificadas, críticas recalcitrantes, críticas abusivas, críticas peyorativas, críticas constructivas y críticas críticas. Críticas para todos los gustos y disgustos. Críticas en revistas satinadas, en fanzines mecanografiados y en boca de ácidos exegetas de barrio. Y, el caso es que he encontrado unas cuantas que, con el tiempo, me he encargado de rec…

Puedes juzgar un disco por las versiones de Bo Diddley que incluya

Esa frase de ahí arriba, que no significa lo que significa, viene a que, por fin, le dediqué una mañana a escuchar a The Strypes.  Cosas habían llegado a mis oídos, y habían llegado como aquello que escribía Herman Melville en Moby Dick: "con sombrías resonancias". The Strypes por aquí, de estraips por allá. Y yo con las doce canciones de Snapshot en mp3 esperando a que las prestara atención. Y lo hice.  Lo hice sin prestarlas atención, como, a veces, escuchamos los discos en este mundo moderno de descargas ilegales que no se pitan con falta en ataque.  Iba yo por la calle, que es un placer que últimamente no me puedo permitir, sin rumbo fijo, con las manos en los bolsillos, los cascos en los oídos, sin más pretensión que recorrer las calles baldeadas por la mañana y hacer que el tiempo en lugar de en segundos, se contara en pasos. Y mientras miraba las cosas que van pasando, las persianas que se bajan, las señoras que madrugan para ir a la plaza, los conductores que frenan…

Palas, cuerdas y canciones

Yo no sé vosotros, pero yo estoy convenciéndome de que tampoco es para tanto mi afición por la música. No puede ser que lleve un mes sin escuchar un disco entero. No puede ser que haya dejado de buscar la prensa fresca cada principio de mes. No puede ser que lleve ya no sé ni el tiempo esa foto del BIME en la columna de la derecha. No puede ser que, últimamente, prefiera ir escuchando la radio a ir escuchando Radio 3.  Todo se debe, yo así lo justifico y me consuelo, a que últimamente la carga de trabajo es tan pesada que mi cabeza no descansa ni cuando tiene opción de hacerlo. Es como si quisieras meter más ropa en un cajón que ya está lleno. No entra. Y por mucho que la música sea así como etérea, incorpórea, también lo son los quebraderos, las angustias o los pensamientos en general. Así que, cuando mi cabeza intenta incorporar o procesar música nueva, cosa que antes hacía con delectación y casi que con ansia, ahora se topa con un terreno que ya no es poroso. Se encuentra con un a…