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Mostrando entradas de octubre, 2012

Se gripó

No me ha dado tiempo ni a hablar de ellos, fijo, lo estoy haciendo ahora, pero justo para decir adiós, y eso no mola. Me hubiera gustado fingir que lo sabía todo de ellos antes, no ahora que los de Vallecas han dicho que se llevan al motociclón para el desgüace. Se les gripó el motor... de tanto usarlo. Los tíos que quisieron, y lograron, "jevimetalizar el punk", han publicado una carta de despedida en la que confiesan que la juerga también cansa y que mejor se marchan antes de que degenere la cosa. Como siempre que ocurre algo así, parece que los que escuchamos o vemos no nos damos cuenta de nada: "¡pero qué me estás contando, si me crucé yo ayer con él y se le veía muy bien!" ¿Te suena? Pues se podía tunear para la ocasión: "¡pero qué me estás contando, si me oí entero el "Gentuza" ayer y sonaba de puta madre!" Solo los implicados conocen el proceso y el final. Eso sí, como son de Vallecas y además dibujan cuernos con los dedos de la mano, s…

me la suda me da igual

Jode tener que esperar el metro media hora, pero te da tiempo para buscar argumentos. Y ella encontró un argumento demoledor: con su último disco, hemos visto a los Porco Bravo como siete u ocho veces en directo. 
Eso, en principio, debería afectar a nuestra capacidad psicomotriz. Te pongo ejemplos. El otro día estaba leyendo una novela cualquiera y decía algo así como: "y él la miró de manera lasciva". En mi cerebro, algo se encendió: "se ve cual es tú papel", murmuré sin querer. Y la tía que tenía enfrente en el metro, se asustó. Otro ejemplo: tengo este rollo del curro y nos estamos fumando un cigarro en el patio y la compañera echa pestes de otro compañero y yo le digo que sí a todo. Luego le insisto, que me da igual, yo a lo mío. "Que haga lo que quiera", le repito. Y ella insiste, que si esto que si lo otro. Así que, al final, cantándolo y todo, la miro a los ojos y concluyo: "me la suda, me da igual".  Más: que estuve el otro día almorz…

No Harmonica at Work

A veces pienso que me van a echar del curro un día de estos.
No será por escuchar a Five Horse Johnson en la oficina.
Pero, a veces, pienso que sí.
Me echarán porque no valgo.
O porque valgo mucho.
Pero no por escuchar a Five Horse Johnson mientras me quedo ciego
delante
del ordenador.
Pero, a veces, yo pienso que sí.
Y cómo voy a resistirme
si tengo
la mesa llena de papeles que no entiendo
y parpadea la pantalla
y si no me meto tralla
un día de estos me van a encontrar tieso
con la mano en el ratón
y el cordón
rodeándome el cuello.
Si no dejo
que Johnson y sus cinco caballos
galopen por mi oficina,
me dediquen un solo de armónica,
me movilicen la fibra
voy a acabar por arrojarme al vacío
y eso que las ventanas de la oficina no se abren del todo.
¿Por qué?



El cielo nublado

Seis y media de la mañana y aunque aún no haya amanecido, se ve el cielo nublado. Y el asfalto húmedo. Camino como si me diera más pena que pereza. Advierto los huecos: espacios donde en otro tiempo, había gente. Ahora tienen rutinas desempleadas.  Sigue el quiosco iluminado. Se ve la plaza turbia. Las sombras se desperezan. La lluvia dibuja faralaes sobre los círculos de luz de las farolas. Y como no tengo ganas de trabajar, mi espíritu le infunde aún más pesadumbre a una mañana cualquiera en un día laborable vulgar cuando el trayecto urbano hasta mi plaza de garaje privado se convierte en una repentina oportunidad para brindar por mis miserias.  Y entonces, la música que suena, me pega un calambrazo:

Ese estribillo del comienzo, como si tuviera una soga al cuello, me lleva de un tirón quince años atrás, cuando sobrevivía con la urgencia y la desesperación propia de mi edad, ajeno al optimismo, presa de la rabia y la indignación, de esas energías adolescentes mal encauzadas. Me posa…