Aún intentando no caer en el dramatismo y la tragedia, sospecho que no resultaría difícil convenceros de que son malos tiempos para la música, al menos para la música en directo, por estos lares desde los que escribimos que, por cierto, no fue hace tanto que vivieron mejores.
En esa situación, cualquier noticia es buena pero si es buena, pues todavía mejor.
Hace solo unas semanas se anunció el nacimiento de un nuevo sello, que viene unido a un estudio, y que busca, son sus propias palabras, "defender y fomentar la escena underground con un espíritu DIY".
El estudio que se menciona es Dirty Analog Studios y ahí se practica un "proceso de grabación, mastering y edición" que "es 100% analógico". Por lo tanto, el sello reflejará ese proceso y lo hará "con tiradas limitadas, lo que hará que todas las referencias sean especiales y únicas".
En estos tiempos de festivales, salas de conciertos con aforos de tres cifras, monopolios corporativistas, macro-residencias y de más florituras mercantilistas que el capitalismo cultural ha sabido aprovechar después de la crisis del covid, los proyectos pequeños, la cultural del hazlo tú mismo, la autogestión, los conciertos sin escenarios mastodónticos, las maquetas, gaztetxes y todo eso con lo que crecimos sigue existiendo, resistiendo, y permanece como un verso suelto, un aliento que más bien es un estertor perpetuo pero férreo.
Y Dirty Analog Studios y Dirty Analog Records no son los únicos, pero son un buen ejemplo y su nacimiento es lluvia fresca en un desierto mustio.
Además, la gente que está al mando de estos dos proyectos infunde confianza. Su conocimiento musical, que va más allá del gusto que puedan tener, e incluye capacidad técnica y pericia profesional, invita a apostar por lo que están haciendo y por lo que harán. Lo que vaya saliendo de ese coqueto callejón, seguro que llama la atención y nos obliga - bendita obligación - a dedicarle horas de deleite a la música que graben.
Para muestra, un botón; bueno, dos, a los que solo les falta el ojal para lucirse, porque aún no han salido en físico pero lo harán en breve: Es lo que hay de Nasti de Plasti y On a Picnic with Satan de Captain Trasho.
Los dos cumplen con los requisitos con los que ha nacido el sello, principalmente, que ambos fueron grabados en Dirty Analog Studios, de la mano de Andrew Dreg, con el "proceso de grabación" que hemos mencionado antes. Se nota en un sonido sin ungüentos, una producción acendrada y robusta, un brillo genuino que permite disfrutar de las canciones con esa inmediatez y trasparencia que magnifica la experiencia de oír buena música en acetato - o en audio binario, da igual.
De los discos y las bandas ya hablaremos, si no es aquí, será en otros foros, pero digamos solo que asistir al regreso de los Nasti de Plasti, con su humor y sus melodías pegadizas más aceradas que nunca, siempre es un aliciente; además, hace poco anunciaron que, por fin, Captain Trasho nos dejará disfrutar de su nuevo trabajo, que ya llevaba tiempo grabado, y temíamos que acabara abandonado, algo que dolía como un puñal en la espalda, porque no podía permanecer enterrado este ejercicio desenfadado y estimulante de rock and roll de raíces con aroma punk.
Y hasta aquí, paramos. Porque, lo que buscábamos hoy era simplemente celebrar el nacimiento de Dirty Analog Records y anunciarlo por aquí para que los pocos que visitan aún este rincón y no se hubieran enterado antes, lo hagan ahora y estén atentos a las noticias que vaya dejando esta gente en redes. Sígueles en Facebook e Instagram, y cuando salgan los trabajos en físico, compra y disfruta, joder, que tu dinero no caerá en el bolsillo de ningún CEO ni se usará para abrir más bares gourmet con versiones de jazz instrumental de canciones de Bowie como hilo de fondo, porque lo usarán ellos para sacar más discos, que no verás anunciados en la publicidad del metro ni tendrán la suerte de telonear a Viento Desamor.
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