Plutón



Pues estuvimos en el espacio exterior. De oyentes, como Raúl Cimas. 

También, a nosotros, nos abdujeron. En esta ocasión, fue labor de una banda de garaje y punk onda años 60, con mucho ritmo, saxofón, poderío instrumental, algo de surf y R&B, que incluían a un frontman de otra galaxia, capaz de mantener en equilibrio la pandereta sobre su cabeza e injertarse el peine en su coronilla. Todo esto, sin dejar de berrear a gusto.  

Esta experiencia cósmica tuvo lugar el domingo pasado, en horario matutino, cuando el Crazy Horse cambió a los siux por los estralurtarrak y acogió el bolo de Bee Dee Kay Drives The UFOzzz

Empezaron sin avisar, con la mayoría del público aún fuera, apurando lo que quedaba de un día seco pero que amenazaba tormenta. Y acabo habiéndola. Al salir, como si el tiempo se hubiera encolerizado porque el concierto se finiquitara, nos encontramos con una tormenta repentina que desalojó los alrededores del Guggenheim y vació las alamedas a ambos lados de la ría. 

Se ponía melancólico el día. De ahí, la imagen que hemos elegido para adornar la entrada. En ella, un robado, un ya relajado Bee Dee Kay, cantante de la banda francesa, ve llover mientras apura un pitillo. Aún con el traje de faena, arriesga un resfriado mientras descansa después de haberlo dado todo dentro y fuera del enrejado escenario del Crazy Horse. 

Porque salió. Salió de la celosía para interactuar y bailar, agradeció, conversó, se disculpó por no saber castellano y por tener que terminar. Hizo el perro de rodillas, equilibrios con la pandereta, malabares con las maracas, no tragó fuego pero casi deglute su micrófono. Sudó como si estuviera en el gimnasio. Se descamisó. Se entregó al repertorio y hasta olvidó de dónde venía. Cuando apuraba ya la despedida y la gente se quejaba porque queríamos más, dijo que se había levantado a las cuatro de la mañana para llegar puntual al bolo de Bilbao, pero fue incapaz de recordar de dónde venían hasta que alguien en el público le dijo que de Sada, y él afirmó agradecido. El día antes habían estado actuando en el Touliña Pop. 

Y cuando haces pop, como dice la publicidad de una famosa marca de aperitivos, ya no hay stop. Aquí tampoco. Se cascaron un repertorio sin apenas descanso - solo uno obligado por un pequeño fallo técnico que rebajó el volumen de la voz - y que cerraron con un bis negociado. Una más, decían ellos; dos, les gritaba Rubén, al que buscaban entre el público para conseguir el permiso. Al final, creo que fueron tres. 

Entre versiones y canciones propias, mantuvieron siempre un tono álgido, con las partes vocales en ángulo cenital con plano al detalle, porque abarcaba mucho y trasmitía todo. Enérgico y epidérmico en la transmisión y arrojado y vistoso en la ejecución, la actuación de Bee Dee Kay se acompañó con eficiencia de toda una arquitectura instrumental que sabe mantener la fluidez y vehemencia del garage sin renunciar a la exquisitez musical, amparados, sobre todo, en una batería rotunda y repleta de ornamento y la pátina de intensidad que le pone un saxofón a quien, por cierto, reconocimos, porque aunque no les hayamos visto nunca, adoramos a los Weird Omen. 

Por mencionar algo de la selección - y dejando las que pertenecen a otros a un lado - destacamos las dos que han grabado y que firman ellos mismos, que nosotros reconociéramos, claro: "Wake Up Honey!" y "You Move Me Baby".

Y así como empezaron, se terminó todo: rápido y de manera explosiva. Ciclogénesis explosiva, casi. Fuera, la meteorología, ya lo he dicho, se enfadó. Ellos, sin embargo, sonreían. En la terraza, tomando el aire fresco y húmedo, no se quitaron esos ropajes de un plateado metálico que parecen evocar las vestimentas brillantes y minimalistas con las que los guionistas de las películas de ciencia ficción de los años 50 y 60 se imaginaban a los extraterrestres. Eso sí, dentro, dejaron abandonado el platillo volante en el que no viajaron, pero que les acompañó durante toda la actuación, colgando del techo del Crazy Horse. Ni se inmutó el aparato durante toda la actuación. Durante todo la odisea. Un trayecto tan musical como interestelar, que, a nosotros, por terminar con una chorrada, nos sentó mejor que a Cooper cuando tuvo que cruzar aquel agujero de gusano junto a Saturno. 

Urano. 

Neptuno y... 

Y lo que puse en el título, que coge sentido ahora. 

Perdón, pero es que hay que decirlo: Bai planeta dela, joder. Qué importará el tamaño. 

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