Nuevo trabajo de Huracan Rose, tres años después de aquel Ascendente vertical que también, si no recuerdo mal, glosé por aquí. Esta vez, el título es Círculos eléctricos, y no sé si querrán insinuar algo, si esos círculos se abren o se cierran. En cualquier caso, yo, con mi oído subjetivo, he percibido en la nueva colección argumentos suficientes para defender que hay ligazón con lo que ya hicieron antes, pero también cualidades nuevas para hablar de paso hacia adelante.
El trabajo, que han grabado en Chromaticity Studios con Pedro J. Monge a los mandos, lo lanzaron a finales del año pasado. A mí, que siempre voy tarde, me vale como novedad. Incluyen, dentro, seis cortes, cinco de los cuáles no les conocía. La última - y, en parte, por eso lo de los argumentos para defender la ligazón - es una "Océanos" que ya grabaron en su primer trabajo, aquel Canciones bélicas para días de paz - precisamente en esta canción estaba la frase que usaron para titular el álbum - que les sirvió de punto de partida hace más o menos ocho o nueve años.
Voy a empezar con una curiosidad: el disco, en su conjunto, tiene un detalle que lo hace compacto. En realidad, podría considerarse que es algo genérico. Y con genérico me refiero a algo esperable dentro de las convenciones del género que practican y que es ése, sí: rock and roll. Me explico, venga: todas las canciones - a excepción de una - empiezan igual aunque ningún comienzo suena así, igual quiero decir. Todas tienen un prólogo de entre 20 y 30 segundos en el que la masa instrumental asienta el tono y el espíritu de la canción. Normalmente es un riff cautivador, ya sea fulgente o porfiado, que se apoya en los cimientos de la base rítmica. Pasado este primer intervalo, entra a saco la voz, se desarrolla la historia, crece la canción.
De las seis canciones, dos son, si me permite ser impreciso, distintas. Son, precisamente, la más larga, "Mi guardia", y la más corta, "Rosa, beso, puñal". Al oírlas, ambas parecen abrazar texturas distintas en las guitarras y ahondar con estribillos originales. "Mi guardia" quizás se acerca más al pop-rock, con un riff brillante que sobrevuela toda la canción. "Rosa, beso, puñal" tendría unas gotas de blues-rock que también aprecio en el comienzo de "Ojos endiablados", una canción que casi puedes imaginar como banda sonora de una road movie, justo cuando los protagonistas entran en un tugurio de carretera. La voz acalorada y rabiosa, las guitarras imparables, y la base maciza es un pedigrí que aún mantienen aquí; se identifica en todas, desde "El más bello disparo" hasta "Noches de Moscú". De hecho, estos atributos ya los lucían antes, y prueba de ello es que vuelvan a destacar en "Océanos", canción que, como decíamos, recuperan de su primer trabajo. Es la única, por cierto, que reduce a la mitad ese prólogo del que hablábamos antes. La velocidad hipnotiza a la voz mucho antes. La primera que grabaron era más turbia y expansiva; ésta - más corta en metraje - es más compacta y pulida, pero el nervio y la contundencia permanecen.
La parte lírica también tiene un nexo en común: "Los antihéroes hemos jurado vencer" cantan en "Noches de Moscú". Y es así, porque aquí predominan. Antihéroes y personajes desesperados, maltratados, desahuciados, y aún así resilientes y beligerantes. Historias con pistolas, a bordo de un Ford Escort, comiendo diazepam a paladas. A veces, son historias escritas en plural, ya evoquen algo parecido al amor o desamor romántico, la amistad o se refieran a contrarios que eternizan su discrepancia. A veces, trasciende una épica trágica a medio camino entre el ejercicio literario y el simbolismo emocional.
"Yo maté al rock and roll", cantan en una de ellas, "mientras tú mirabas". Tú tendrás que asomarte dentro. Yo lo he escuchado atentamente y, al rock and roll, le veo, le oigo, le siento... muy vivo.
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