La última etiqueta, “Bertoko Lux”, anticipa que, como siempre en este blog, me mantengo con la vista corta, cerca de casa, que no significa lo mismo que tener la mirada estrecha.
Después de los dos puntos, en cada ocasión, vendrá especificado el título del disco y sus autores. Esta explicación, la cortaré y pegaré en cursiva antes de cada una.
Todo esto, antes de que acabe el año, así que vamos con prisa. Cuatro hoy y cuatro ayer.
Claramente, como he leído por ahí, se les nota una mirada atrás a los años 80. Con un barniz que solo venden ahora, claro. La última del lote, su versión del “Iñaki, ze urrun dago Kamerun” es el mejor ejemplo. Por un lado, confiesan directamente una de sus grandes influencias, Zarama. Por otra parte, la tocan tan rápido que zorabiatzen zara.
Suenan, además, frescos y urgentes, a gaztetxe, a local de ensayo, a maketa de esas que te comprabas en Bilbao. Cogías el tren de cercanías, te bajabas en La Naja, cruzabas el Arriaga como si te diera miedo, y en el cascoviejo buscabas los garitos de Iturribide para mirar las cassettes en los estantes antes de elegir una. A eso suenan, pero con un deje, una personalidad propia: graves a tope por la rotundidad y personalidad del bajo, sin artificios ni producciones ostentosas, guitarras limpias y afiladas, batería acelerada, voz sumergida, en penumbra pero retumbando. Muy rápidos, muy incisivos. Parecen Zarama, sí, pero como mezclados con Josef K, si quieres, con La URSS, después de escuchar a Yo Soy Julio César o Parálisis. Cantan en castellano y euskera y tienen letras escapistas, sobre el peso del tiempo… y hasta tienen un himno intenso que les sirve de identificación, ese “Bellum” con el que abren y define directamente su música: batería algodonada, un bajo grueso con buena amortiguación, y poco después entran las guitarras filosas y afloran los platos. Ya va la velocidad deslizándose de manera hipnótica. La voz aparece para gritar el nombre de la banda y las guitarras florecen con locura.
En resumen, muy prometedor. Algunos hablan de una edad de oro de la música popular en Euskal Herria. Si yo estuviera de acuerdo, Bellum estaría en la lista para ilustrarlo.
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