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Una despedida eterna



El martes dormí en una Vitoria-Gasteiz decorada con una lámina de nieve. Me acerqué a El Parral a ver un concierto, midiendo con tiento cada paso que daba. Al llegar, pedí de beber, y viendo que había gente pero hueco suficiente para coger sitio luego, y que Los Retumbes aún estaban preparándose, salí fuera a fumar. 
Debajo de la cornisa, viendo a la gente bajar por la cuesta con cuidado, fumaba sin prisa mientras miraba al otro lado de la acera: un portal, el Gora Project, la vidriera de las escaleras mecánicas escondiéndolo todo. 
Se lo dije luego a Manu, cagüenla, es que podía verle allí, sentado. Los dos sentados en el portal, tirando de cerveza, compartiendo cigarrillos, con las piernas estiradas y en feliz conversación. Lo conté cuando se fue y escribí en este mismo blog para despedirle. Ese fue el día que más cerca estuve de Pulpo. Hablamos con franqueza, sin prisa por terminar con las palabras, riéndonos y poniéndonos serios, dejando pausas exactas para fumar. 
Aquella era una tarde templada de junio, la gente se quedaba fuera para reconfortarse bajo el sol. El pasado martes, caían los copos con inercia y se hacían vahos de humo con las conversaciones. La gente se escondía bajo los cuellos de sus abrigos. Nadie se sentaba en el portal: y yo era capaz de vernos a los dos allí sentados. Como si estuviera volviendo a pasar. 
Se lo dije luego a Manu, cagüenla, es que podía verle allí, sentado. Cómo se las ha arreglado, le pregunto, para quedarse ahí agarrado. Si no nos dio tiempo ni a hacernos amigos, si nos vimos de pascuas a ramos, si los abrazos eran sentidos pero escasos. Manu me contesta: "Eso exactamente es y era Pulpo". 
Pues Pulpo se merece que le despidamos como no pudimos despedirle hace un año: con la alegría que él desprendía, escondiendo nuestras penas y oscuridades como él sabía esconderlas, pensando que es mejor celebrar y reír que lamentar y llorar. Yo no me lo pensaría. Yo ya tengo las entradas y, si lo que llamamos causa mayor no lo impide, estaremos allí para atestiguar que será un día de esos que guardas en la memoria para siempre: desde que se suban los Riff Truckers hasta que termine la After Party, no dejaremos de celebrar que la música nos llena porque gracias a ella nos lleva a gente como el Pulpo que, por muy lejos que esté, siempre estará ahí, sentado en el portal, riéndose a carcajadas, vacilando, lanzando el cigarrillo con un pititaco al infinito. 

Ostias, no lo penséis más, os arrepentiréis. 17 de Febrero de 2018 en la Sala Santana 27 de Bolueta, Bilbao: PULPOFEST. Homenaje a Asier Martínez Mintegi, "Pulpo". Podréis ver en directo a Riff Truckers, Kaotiko, Desakato, Motociclón y los mismísimos organizadores, Porco Bravo, que anuncian una pausa larga para renovarse y reforzarse. Señor No y Hey Hey My My animarán la fiesta posterior. Habrá más sorpresas, cerveza para la ocasión y hasta camisetas serigrafiadas con el póster del evento para que os dejéis los cuartos. Aún estáis a tiempo, no os lo penséis. Si aún tenéis dudas, pinchad en la última palabra de esta frase y leed la entrevista que le hace Tom Hagen a Manu Porco Bravo en Mondosonoro.com. O, echadle un vistazo al vídeo que comparto abajo, pero no lo penséis más y adelante, apuntaros a la fiesta y despidamos a Pulpo como debe: solo es el principio de una despedida que durará eternamente. 

Posdata: Aun a riesgo de ponerme moñas, y con la alevosía que supone hacerlo público, todo mi ánimo a los Porcos y su enorme familia, piara incluida, porque para todos será un día especial y los nervios se mezclarán con la ilusión. Un abrazo a todos ellos. 




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