Fiasco Review!!: Panic to Terror de Si Te Cah



Ostias, en qué mundo vivo yo. Hacer reseñas de discos, esto ya lo había hecho antes, claro. Pero de bandas que, mientras tanto, han desaparecido, eso es nuevo. Me he enterado ahora, hoy, ayer, cuando fui a escribirlo, pero, investigando, he averiguado que la promoción del disco ya ocurrió con la banda desmantelada. Sinceramente, y hablando mal, lo que me apetece decir para comentar esta situación es lo siguiente: con dos cojones, que es una expresión extremadamente viril e inapropiada, pero sirve para ser enfático como buscaba. Porque, ahí, abajo, en los sótanos, polígonos, lonjas, locales, viejos mataderos y almacenes donde se apilan cientos de bandas que tocan, en gran parte, por amor al arte, hay un mundo oculto, subterráneo, silencioso a pesar de la distorsión y el volumen de sus amplis, que parecen mantener un ritmo misterioso, ajeno al ruido del exterior, que merece toda la atención que se le pueda dar, sobre todo, porque hay que saber buscar, escuchar, tener paciencia y compromiso. Por ejemplo, estos, una banda con nombre de tribu caníbal a la que se pasaron por la piedra los Paiutes, con residencia en Santurtzi, formada por primero cuatro y luego tres tíos que llevan años haciendo música sin aspiraciones infladas ni artificiosas, y que, sabiendo que el invento llega a su fin, prefieren regalar este legado que repartirse los cuatro duros que sacaron tocando en directo y olvidarse del asunto. Mi aplauso. Lo resumo: hablamos de Si Te Cah, como pone arriba en el encabezamiento, y de su disco póstumo Panic to Terror, el segundo desde el anterior, homónimo, que sacaron hace un par de años. Dos años no, decenas, llevan sus componentes, que, como hemos dicho, antes fueron cuatro y llevaban años siendo trío, haciendo música ahí, donde no apuntan los focos ni los foros, pero cumpliendo con el cometido: que siga viva la llama del underground, lo alternativo, llámalo como quieras porque todas las palabras están desgastadas. 

Este disco, con un sonido contundente y aseado, es un ejercicio efectivo de hardcore melódico con toques punk y metal. Eso te lo dirá todo el mundo y en todas las reseñas, pero es que es así. Hacen, o hacían, una música que se remonta en el tiempo a las últimas décadas del siglo pasado, pero lo hacían con matices ajenos al género y una buena ejecución, donde se les veía el trasiego y la experiencia acumulada. El disco suena fresco, entra bien, apoyado en esas melodías pegadizas y, sobre todo, en una base rítmica que se apodera de todo el disco. La batería resalta en todas las canciones, enérgica y dominante, repleta de redobles y cambios de ritmo. Se ve en el ritmo machacón de "Guatemala", por ejemplo, la canción que cierra el disco, cantada en castellano, atropellando los audios que la abren al principio, y que, de paso, resume todas las características que yo destacaría de lo escuchado en los cortes anteriores: las partes corales, la rotundidad de las guitarras, la agilidad en las melodías y, lo dicho antes, la contundencia de la base rítmica. Algo más, y que es clave para el género que practican, practicaban: el juego que se traen con la velocidad. Eso se ve bien en la primera, "All Night Long", que arranca a todo trapo, después se repliega, y coge vuelo cuando a ellos les apetece, aprovechando las alas de los parches redoblados. Estribillos en equipo, un rollo más metalero y oscuro, como en "Out of Hell", que muestra la versatilidad que tiene, tenía, una banda que dominaba a partes iguales instrumentación y melodía. El arranque de "Dark" suena a rock alternativo americano puro y duro, de ese que formó a generaciones enteras de jóvenes urbanitas anglosajones en las dos costas, pero luego muda, medra y muta. En "Big Hate" se nota ese peso de los timbales, por no repetir batería ni base rítmica, que decíamos antes y, "Never Make the Ball" es el mejor ejemplo de todo lo mencionado antes, pero, además, atavía todo lo dicho con ese bajo que da un paso adelante y con un detalle le pone aderezo y gusto a la canción. Todo lo vistieron con las letras de Myriam Berreteaga, según comentaban ellos mismos, elaborando un disco completo sobre los terrores y pánicos, va en el título del disco, de la humanidad contemporánea. 

Más de diez años tocando juntos, creo, ya fueran tres o cuatro. Antes, algunos igual se acuerdan de Springfield, aquel grupo de inglés impecable, que dio clases de gramática en el Villa de Bilbao, pero antes incluso de esto, algunos de estos tíos ya le pegaban a la música en las catacumbas del mundillo. Y seguirán haciéndolo, aunque no existan Si Te Cah, aunque los Paiutes vuelvan con más ganas de sangre. Escuchado el disco ahora, con el final ya escrito, destaca esa instrumental que lo abre, con voces infantiles, turutas, y un toque melancólico que sirve para evocar lo que les habrá quedado a ellos de diez años de compartir todo esto y que le jodan al resto. No voy a repetir el exabrupto viril que utilicé al principio, pero el aplauso sí. 

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