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Conor Oberst

Viví cerca de su ciudad durante un tiempo. Le buscaba por las librerías de viejo, pero no le encontré. Un día me pareció verlo en una cafetería, pero quizás era otro tío con los ojos brillantes. Ingenioso, a que sí. De lo que estoy seguro, es de que era él al que vi en la tienda de discos Homer unos cuantos días antes de volverme a casa. Estoy... casi seguro, digamos. Igual hasta coincidimos en algún concierto. Quizás estuvo en la heladería en la que vimos cantar a David Yvar Herman Düne y a Kimya Dawson o en el Sokol Underground, donde vimos tantos grupos de los que no recuerdo el nombre que quizás en alguno hasta estuviera él. Cuando le conocí, creí que se llamaba artísticamente Bright Eyes, luego resultó que ése era el nombre del grupo, pero siempre he pensado que eran uno solo, Conor Oberst. Al principio me gustaban sus canciones más autóctonas, incluida esa preciosa historia del avión apunto de estrellarse. Después, acabé por encontrar alguna canción de sus discos más experimentales a la que terminé cogiéndole mucho cariño. Descubrí incluso la música de otros grupos alternativos con los que había colaborado y hasta repasé su sello para seguirle la pista a la música que publicaba. También, por aquello de que conocí la ciudad, me preocupé de averiguar qué grupos eran de Omaha, Nebraska, e intenté escucharlos con atención. Después de todos estos prolegómenos sin interés, vayamos al meollo, la canción que propongo: Moab. Moab está en su último disco, bueno, Moab está en Utah, es una ciudad en el condado de Grand y también da nombre al desierto que tiene cerca. Pero, Conor Oberst ha elegido el nombre de este lugar para titular una canción de su último disco, y esa es la canción que quería recomendar. Ha tenido cierto éxito el disco, cierto es relativo y éxito es un eufemismo, pero seguro que en algún bar habéis oído la canción de ritmo acelerado y botas de vaquero sobre arena del desierto en la que Conor Oberst grita que pasa de morir en un hospital y que ya puede alguien ayudarle a ponerse las botas que se marcha de allí. Una idea muy western. Y expresada con un acento aún más western, si cabe. Sin embargo, la que más me gusta es Moab, con su letra sencilla pero inspiradora, de carreteras largas y paisajes que reconfortan, sentirte libre conduciendo sin ningún destino, con la cantimplora llena de agua y las botas con las suelas nuevas y dispuestas a caminar bajo el sol y hacia el horizonte... con cuidado de no hacer como los gilipollas de Matt Damon y Casey Affleck en Gerry, la película de Gus Van Sant. Pues eso, que si habeís tenido una semana dura y el domingo os apetece despejaros conduciendo fuera y lejos de la ciudad y disfrutando del aire fresco que entra por la ventanilla del coche, pues usad como banda sonora esta canción, y aunque Moab está muy lejos, quizás os podáis acercar a los Monegros, o a las Bardenas, o a Tabernas o los polígonos industriales de las afueras que seguro que en domingo se parecen mucho más al desierto de Moab.

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